Añoranzas, Dejate de joder

Dejate de joder. Nunca va a faltar el que venga con una nueva moda y empiece a armar kilombo. Y esto no es de ahora, es de siempre. Me acuerdo en los ochenta cuando se discutía la ley de divorcio y te venían con el asunto ese de que no podía haber familias “clandestinas” y que se yo cuanto. Familia había. Si después alguno que otro se reviraba y se rajaba… y bueno, apechugaba.
Ahora cualquiera cacarea y te inventan cualquier cosa La calle pegada a las vías en Haedo se llamaba Remedios de Escalada de San Martín. Y punto. Pero mirá si en esa época una maestra te iba a decir que la mina murió tuberculosa en la miseria porque fue repudiada sin patrimonio y abandonada a su mala suerte por el padre de la patria. La hubieran echado de la escuela a patadas en el culo por padres, docentes, autoridades de la asociación cooperadora, todos liderados por las señora directora.
Antes se contaba una historia respetuosa, no como la que nos quieren hacer creer ahora. Habría algún caso, nadie dice que no… pero de ahí a decir que… Además lo de la tía Dorita fue especial porque el tío viajaba mucho vendiendo zapatos y ya eso creaba todo un desbarajuste. No fue que se fue con otra a propósito sino que si vivía más en gerli que en haedo era porque allá estaba la fábrica. No le quedó más remedio, dijo mi vieja. No se la iba a pasar viajando. Pero tampoco fue para un escándalo. Un día se dejó de hablar del asunto y ya está. Se solucionó todo.
Lo de la vecina Mirta, la peluquera de la vuelta fue otra cosa, porque no era cierto que no se hubiera casado sino que los pibes tuvieron que ir a la escuela del estado que era jodida y no le aceptaba la libreta de casamiento vía México que ella tenía. Pero en el barrio no se conocían más que esos casos y ponele que algún otro y con eso hicieron un mundo y sacaron la ley de divorcio porque parecía que si no se venía el cielo abajo, cuando en realidad toda la vida se había vivido así sin ningún problema. Y para qué. Abrieron la canilla y salían divorciados de abajo de las piedras.
Y viste como es… cuando empieza el libertinaje no para. Después empezaron a joder que se tenían que casar las tortas, que se tenían que casar los putos. Armaron una discusión nacional para cinco desviados que la jugaban de cayetano y no tenían necesidad ninguna de armar este bardo. Porque hay que decir la verdad: antes putos no había. Bueno, habría, sí, en el centro, pero en lo barrios no. Y si había uno lo conocíamos todos, los pibes le tirábamos piedras y si había una procesión o algo importante y lo encontraban circulando, el patrullero lo guardaba para que nadie se ofendiera. Carlitos, el tío soltero no tenía nada que ver con todo eso y si en navidad le gritaba a los abuelos que era puto era solo para hacerlos rabiar y que todos los chicos nos revolcáramos de risa.
Toda la vida vivió con Cacho, su socio. Tenían una mercería y se llevaban bien, pero eso no tenía nada que ver. Pero todo se va degenerando y la gente habla y habla. Y ya cuando de ciertos temas se empieza a hablar, pareciera que todos vieron un caso o saben algo o cualquier cosa. porque nadie se quiere queda afuera del cacareo. Y después es para peor, porque lo que era discreto se ceba. Hoy la gente se volvió loca. Están todos locos. Todos los días aparece una mina que la reventaron a golpes. Eso debe ser la droga. Son todos drogones. Porque antes, a una mujer se le pegaba lo normal, lo necesario. Pero no le ibas a romper el brazo de planchar o la pierna de baldear.
La gente era más buena. Quien no tarareó milongas como “34 puñaladas” o “Toalla mojada” que describen la ternura varonil de allá y entonces. Si la fajabas, era una muestra de cariño. No como ahora. Y un poco de culpa también la tienen los medios, porque antes esas cosas se arreglaban de la puerta para adentro y nadie se metía. Todo se está yendo a la mierda.
Por suerte aún queda a salvo la infancia. Con los pibes nadie se mete. A ellos nadie los maltrata, nadie les pega y si alguno lo dice, todos sabemos que son cosas de chicos para hacerse notar. A lo sumo harán berrinche por algún merecido correctivo o porque se rompió un brazo haciendo una travesura que no quiere admitir. Antes la gente era más buena.
Alejandro Rodino, argentino.

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