Las canacuas, tradición de Uruapan

Las canacuas tienen su origen en la región serrana de Michoacán, es una danza tradicional que ha sido transmitida de padres a hijos, de generación en generación. Canacuas, en tarasco, quiere decir coronas, y parece que su origen data de antes  de la Conquista. Según don Eduardo Ruiz en su libro Michoacán tradiciones y leyendas, esta ceremonia se lleva a cabo durante el matrimonio.

“Al siguiente día tenía lugar en la casa nupcial una nueva reunión de carácter enteramente íntimo. Congregábanse doncellas y mancebos; ellas con guirnaldas de flores en la cabeza y ellos con preciosos ramilletes en la manos y se entregaban al baile, no sin haber ofrecido antes a los recién casados algunos presentes de objetos útiles para la nueva familia. Durante el baile, pasaba de mano en mano la efigie de un niño hecho de pan y le cantaban canciones alusivas. La fiesta se llama de las canacuas y subsiste aún en varias poblaciones de Michoacán”.

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Hoy la canacuas se ejecutan para agasajar a alguien huésped de honor, y no sólo como se hacía antes en matrimonios, según Eduardo Ruiz. En la actualidad se siguen llevando a cabo las canacuas  en algunas regiones del Estado, habiendo perdido mucho de su grandiosidad y su belleza por no tenerlas escritas  y haberse ido perdiendo muchas de las canciones con el tiempo. Se ha tratado de hacer traducciones de algunas de estas canciones tarascas, quedando en castellano sin sentido;  lo cual viene a confirmar la idea de que los textos originales se han perdido.

También en Uruapan y especialmente en la sierra,  llevan a cabo esta ceremonia con el objeto de ofrendar frutas del tiempo, ricas telas labradas y presentes valiosos a los señores huéspedes gratos, dignatarios de la iglesia, y a los novios en el casamiento.

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En Paracho, en la actualidad, se reúnen un grupo de guaris, o muchachas doncellas, y se ponen de acuerdo para ofrecer una canacuas al señor X, que acaba de llegar de visita al pueblo. Entonces salen de sus casas y se reúnen en la principal de ellas, en donde la música las espera para acompañarlas, ejecutando alegres sones hacia donde está hospedada la persona a quien van a dedicar las canacuas. Las guaris ocupan las calles en dos filas y los vistosos colores de sus vestidos lucen al sol como visiones policromas. El traje de la guari se compone de una enagua negra o azul añil. Después, el guanengo, o camisa blanquísima, con bordados exquisitos hechos a mano por ellas mismas; el rebozo palomo (de azul oscuro con rayitas blancas),  que es de un azul intenso, raya blanca y ancha, lo llevan terciado. En la garganta, gran cantidad de collares de papelillo de colores brillantes y variados. Un delantal blanquísimo, tejido a mano por las propias guaris, y en la mano su jícara laqueada, cubierta por una servilleta, sobre la que llevan fruta, tejidos de mano y toda clase de miniaturas de madera; como guitarras, mandolinas, molinillos, trompos, baleros, peines, escobetas, etc. de un gusto y un acabado perfectos. Se colocan para la danza en dos filas, un grupo al frente de otro y vienen cantando el número uno de la música de las canacuas, que se denomina: “Buenas, buenas tardes, compadrito; te venimos a cantar y también a visitar”.  Después viene el ofrecimiento. Este es un trozo sentido en donde las guaris ofrecen la fiesta por medio de esta canción alusiva:

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“Tata, niñito… Tata, X…. (allí se canta el nombre de la persona festejada). Canar erandisquia que de picun, cadeguandaqua mejor capitenia. Jimbo qui serharit cuno que quiascha Sebastián. La la ra la la, la la ra la la ra la la. Cuali será la buena de tu lindaca violeta”.

 

Viene una evolución en el que entran movimientos de brazos con las jícaras  y con la anagua combinados. Es de una gran vistosidad este número por ser acompañado por un trozo musical, quizá uno de los más bellos entre la música tarasca, denominado La Flor de Canela.

 

         “La flor de canela suspiro porque me acuerda de tía pa guam paguan jaguaran canomiri curiñia. Guachecha sapri ticha porque si guandoqui cha apitín jingún cuarda parán gastia”.

TATA NIÑITO (Este número la cantan las guaris formadas en tres filas; la primera sentada, la segunda, de rodillas y la tercera de pie).

Este como otros trozos, tienen la infantilidad y la gracia de los juegos de niños.

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Dice la letra:

         “Tata, niñito, yucari yuri schuntá porque me nana nigua porque mi nana nimbo hay que guari yuscari yuri schuntá… Yecuari yecuari corre camino mi nana guari”.

COMPADRITO.- Este es un número muy variado, pues comienza con una gran melancolía, luego se anima un poco para llegar a un alegre jacarandoso. Vuelve nuevamente el tema melancólico para convertirse en una algarabía juvenil en la que cantan las guaris un son muy alegre con una letra muy graciosa que dice más o menos:

 

Arbol frondosórolo

de verde pradórolo

que yo he sonadórolo

y en ni niñez

vendiendo guajéreles

y jicaritáralas

y florecitáralas

del temporal.

Aunque muy probe

la guaricita

pero aseadita

del delantal,

y por eso

con tu permiso

tata Panchito

voy a cantar.

 

Al llegar a este pasaje, todas las guaris estarán sentadas, formando cuadro. Se iniciará una serie de diálogos en tarasco, comentando lo largo del camino, lo cansados que se encuentran y discuten el número que sigue: si a de ser canción o baile. En seguida se invitan unas a otras a ejecutar el siguiente número, a lo que se levanta un indio cargado con su huacal al hombro que siempre acompaña a la canacua. Una de las guaris se dirige a él cantando y dialogan la siguiente canción.

 

Ella:           Indito, ¿por qué estás triste, ja já?

El:              Indita, por fandanguero.

Ella:           Indito, vente conmigo, ja já

El:              A cantarle una quinción.

Los dos:     A mi amigo más querido,

a cantarle una quinción,

no te traigo nada más

que un plato de guajolote

por eso con mi vergüenza

te lo vengo ahora a dejar

ofreciéndote un suspiro,

de nuestro corazón.

Ella:           Indito, ¿cómo se baila, ja já?

El:              Indita, de esta manera.  (Comienza el jarabe bailado por los dos)

 

Ese es el intervalo en el baile cuando cada una de las guaris puede hacer su gracia y lucirse. Es el momento del lucimiento individual de las guaris. En este momento de la danza, en algunas regiones, acostumbran seguir y bailar el jarabe de la botella. Este consiste en colocar una botella  vacía en el centro del cuadro con una moneda nueva de plata sobre el tapón y jarabear zapateando alrededor de la botella y brincándola y bailando alrededor sin tocarla y derribar la moneda que está sobre el tapón. Otra pareja se lanza y zapatea el jarabe llamado “del moño”, pues, tanto él como ella, tienen que hacer un moño, con los pies, de un paliacate rojo de seda que le arrojan. En otras regiones se concretan las parejas de baile a ejecutar un jarabe común de la región.

FLOR DE CHANGUNGA.-   Es una joya del sentimiento tarasco, pues es una queja dulcísima de amor que una guaris canta en un tono de tristeza tal que embarga el alma. En medio de su profundo dolor, no deja de quejarse con la flor de changunga, la naranja de dulce, el plátano morado, y las guaris comentan esta profunda frase: “Ay, que lo que es amor…”

Este ambiente de melancolía y de un amor no correspodido, es interrumpido por un alegre coro que entonan las guaris al unísono, que se llama “La Patera”. En este momento, al terminar esta canción, la música inicia un alegre son,  con el que las guaris se dirigen en torno del agasajado y le ofrecen la canacua: Una de las principales guaris, al llegar ante el agasajado, ejecuta un baile gracioso, llevando en la mano un ramillete de apazecua, arreglado de manera especial con hojas de maíz. Otros le llaman a este ramillete el suchil y simboliza, para unos la bienvenida, y para otros la virginidad de la guari, pues ella, en el momento de estar bailando, la ofrece al agasajado, pero lo retira inmediatamente al ir a cogerlo, y así se hace dos o tres veces con ademanes muy graciosos por parte de la guari, la que acaba siempre por conservar su suchil, sin faltarle un pétalo.

Acto seguido todas las guaris obsequian a los presentes y al agasajado en primer lugar, los obsequios destinados a ellos y viene el momento solemne, la petición. Es tradicional que lo que las guaris piden en ese momento al personaje que las visita, debe de cumplirlo al pie de la letra para no caer en el deshonor y en el desprecio los pobladores.

 

         “Nar chuscuqui nar jarasqui nar nitamacuaris schaqui ya quimacánquiman juachica cain tenzapicho regalo inten juréntzi jitaca atatzitzimánca Dios y kim patzot cajuchet familia mintzintz curiñia hasta pauani iztia”.

 

Que quiere decir más o menos:

 

“Buenos días, aquí venimos a traerte este corto regalo para los primeros días de tu matrimonio que ojalá te dure hasta que haya familia”.

 

Este discurso viene al final de las canciones y danzas que componen las canacuas.

 

 

De: “Didáctica sobre Actividades Creadoras y Prácticas”, Varios Autores, Editado por la SEP y el Instituto Federal de Capacitación del Magisterio, México, 1967.

 

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