Los murales del templo de San Francisco en Uruapan

Octubre, 8 de 1969.- Cuatro murales, de unos siete metros de largo, fueron ejecutados en Uruapan, en estos últimos meses.
El lugar que ocupan son las Pechinas de la Cúpula, donde con frecuencia solía ponerse la figura de los cuatro Evangelistas.

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Los temas desarrollados son los siguientes: Creación de Adán, Melquisedec, Cristo en la última Cena y Cristo Resucitado. El fin principal de estas cuatro pinturas, juntamente con un grande Crucifijo que cuelga sobre el altar, es hacer una brevísima historia de nuestra Salvación y, a la vez, representar la Santa Misa. Adán, es el punto de partida: él es el primero que sirvió de figura de Cristo (a Cristo se le llama “el nuevo Adán”) y a quien le fue anunciada por vez primera la venida del Redentor. Melquisedec, Sacerdote y Rey a la vez, es una ilustre y majestuosa muestra de todos los Sacerdotes antiguos. (De Cristo, profetiza uno de los Salmos: “Tú eres Sacerdote para siempre, según el orden de Melquisedec”). Cristo en la Cena, Cristo Muerto y Cristo Resucitado, es el centro de la historia humana y es lo principal que se renueva misteriosamente en el altar.

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Por supuesto que las cuatro obras son “CREACIONES” es decir, algo no copiado, sino total y exclusivamente ideado por el artista para un lugar determinado. Y las cuatro pinturas están hechas en un estilo raro, enteramente desconocido entre nosotros.
Los personajes representados, todos ya tan antiguos, son situados plenamente en nuestro tiempo: la era espacial y atómica. El espacio compenetra las figuras, principalmente la de Cristo Resucitado (que casi es tan transparente como el cristal). Y los átomos, que componen toda materia, parecen juguetear, en órbitas y colores distintos, alrededor de las venerables figuras humanas. Finalmente, preciosas ráfagas de luz, de diversos colores y dimensiones, nos sugieren los rayos cósmicos, que navegan por nuestra atmósfera y penetran nuestro propio cuerpo. Todo es terrestre y celestial al mismo tiempo. Todo tiene un valor inmediato, tangible y un valor cósmico.

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Cuánto sea el mérito artístico de estos murales, se sabrá mejor cuándo los juicios muy laudatorios o muy adversos que se despertaron se vayan depurando.
Pero sí creemos, ya desde ahora, dada la escasez de pinturas en los Templos de nuestra región, estos murales ocupan, sin duda, un lugar de distinción.

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Autor: El creador de estos murales, es una artista persa, joven aún, de nombre Sciddel Mohammad quien, por una de esas aventuras raras que Dios pone a veces en el camino de los hombres, vino a parar a este rincón de nuestra Patria. Además de los estudios que este pintor tuvo en la capital de su patria, Teherán, estudió y trabajó como siete años en Roma.

De: Semanario “Guía” de Zamora, Octubre de 1969.

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